



El encierro es la bala en la frente. Pero también es el documento falsificado que aprieta Roxana fuertemente entre sus manos. Lo único que la separa (además del océano) de aquella bala certera. Roxana camina a pasos agigantados, en ciudades que le son ajenas. Roxana es una isla en medio de un mar de palabras que no entiende, las lenguas del viejo continente. Ella no duerme, mientras repasa las líneas de aquel DNI, que de ella solo tiene la fotografía. Gasta las noches cosiendo doble fondos en su ropa. Tiene pesadillas despierta, de botas que patean su puerta astillada y la arrastran, hasta la bala segura en la frente. Es ese monstruo agazapado con la boca abierta, que espera para tragarsela entera, y expulsarla en el Río de La Plata, en alguna orilla del Río de La Plata.